Shavuot como fiesta campestre

“Desde el día de la ofrenda de la cebada (2º de pésaj), hasta el día de la ofrenda de las primicias, han corrido siete semanas. De aquí el nombre de esta festividad Shavuot (semanas) y se celebra los días 6 y 7 de Siván, o sea el 50º día de Sefirat Haómer.

El carácter más antiguo de Shavuot es de fiesta campestre. En el mes de Siván se daba fin a la cosecha de cereales. De los mismos productos que gracias a la protección divina se habían podido extraer del suelo, se destinaban las primicias como ofrenda. Ningún cereal de la nueva cosecha se utilizaba antes del 6 de Siván, fecha en que ese sacrificio se hacía efectivo. Por esto Shavuot se llama también Jag Habikurim, fiesta de las primicias” [1].

Shavuot como fiesta religiosa

“Esta festividad tiene tres nombres: Shavuot, Jag Habikurim, Zemán Matán Totatenu. El último significa “fecha de la entrega de la ley” y alude a la hora solemne en que Israel recibió de Di-s por medio de Moisés, el decálogo con los mandamientos básicos del judaísmo, grabados en las dos tablas de la ley. En todo el mundo el decálogo ha hallado resonancia y se ha impuesto como fundamento de la moral. El judío festeja Shavuot con orgullo, porque se siente mensajero de las sabias enseñanzas divinas y heredero del libro sagrado: La Torá” [1].

Shavuot como la promesa del Padre

Para la entrega de la Torá, era necesario la preparación del pueblo, durante 50 días, Después de la resurrección de Yeshúa, Él estuvo dando instrucción a los discípulos por 40 días, y en el día 50 fue pentecostés, es decir, que el pueblo debía tener un tiempo de preparación para recibir la promesa del padre [2].

…apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Di-s. Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. [Hec. 1:3-5].

La promesa del Padre y el Pentecostés es la llenura de la Ruaj HaKodesh.

El apóstol Pablo en la epístola a los Romanos, nos exhorta a andar en el espíritu y no en la carne, si queremos agradar a HaShem, si es que el espíritu de HaShem mora en cada uno, si realmente somos hijos de HaShem debemos ser guiados por el Espíritu de Di-s, si el espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Di-s. Y si hijos, también herederos; herederos de Di-s y coherederos con Yeshúa.

La obra de la Ruaj HaKodesh en nuestra vida

La Ruaj HaKodesh es el que nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

Si andamos conforme es espíritu no hay ninguna condenación hay para los que están en Yeshúa HaMashiaj.

La Ruaj HaKodesh que nos ha dado HaShem es el mismo espíritu que levantó a Yeshúa de los muertos y tiene el poder para vivificar nuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Si vivimos conforme al espíritu podemos hacer morir las obras de la carne y viviremos.

Si tenemos la Ruaj HaKodesh dentro de nosotros no debemos tener esclavitud ni temor: Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! 

Si tenemos la Ruaj HaKodesh la gloria de HaShem se ha de manifestar en nuestras vidas: Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Di-s.

La Ruaj HaKodesh nos ayuda en nuestra debilidad: Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

Con la Ruaj HaKodesh somos más que vencedores: Y sabemos que a los que aman a Di-s, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. 

¿Por qué todas las cosas obran para bien?

Porque hemos sido predestinados para ser hechos conforme a la imagen de Yeshúa.
Porque a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó. ¿Cómo HaShem nos glorifica? La Gloria que HaShem le dio a Yeshúa, Él nos la ha dado:
“Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” [Jn. 17:20-24].

Si HaShem está con nosotros ¿quién contra nosotros? Si entregó a su propio hijo
¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

Nadie nos puede acusar, ni condenar. ¿Quién acusará a los escogidos de Di-s? Di-s es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Yeshúa es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Di-s, el que también intercede por nosotros. Todas las cosas obran para bien, porque ninguna situación nos podrá separar del amor de HaShem: ¿Quién nos separará del amor de Yeshúa? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?… ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Di-s, que es en Yeshúa Señor nuestro [Rom. 8: 1-37]

Amigo lector, que la presencia de la Ruaj HaKodesh llene nuestras vidas en esta fiesta de Shavuot, para poder vivir en el espíritu y no en la carne, y podamos entender que todas las cosas obran para bien y con su presencia somos fuertes en nuestras debilidades y podemos levantarnos, porque el mismo espíritu que resucitó a Yeshúa de los muertos, es el que tenemos dentro nuestro, y por el cual podemos decir, ¡Abba, Padre!

¡Jag Shavuot Sameaj!

Referencias

[1] Schlesinger E.C. (1970). Tradiciones y costumbres judías. Un viaje alrededor del año hebreo. Editorial Israel. Buenos Aires. Vol. XIX. Séptima edición. Pág. 93-106. [2] Shavuot: La promesa del Padre. Boletín Shavua Tov. Disponible en: https://boletinshavuatov.kehilatyovel.co/2024/06/11/shavuot-la-promesa-del-padre/

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Martha Tarazona. Ph.D. ‘Nada tenemos que no hayamos recibido’ 1 Cor. 4:7

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