¿TE ALIARÍAS CON LOS ENEMIGOS DE DIOS?

La parashá de Koraj (Números 16-18) nos muestra algo que, aunque ocurrió hace más de 3.000 años, es tan actual para la situación que Colombia vive hoy: un pueblo dividido, polarizado y en tensión sobre a quién seguir.

A pesar de que los israelitas eran el pueblo que Dios había elegido para sí, tenían la opinión dividida. Unos querían seguir a Moisés y a Aarón, a quienes Dios había escogido, pero otra multitud quería seguir a Koraj, quien había hecho alianza con Datán, Abiram y 250 príncipes del pueblo. Cuando vemos la historia y las consecuencias, pensamos que todos deberían haber seguido a la persona que Dios había elegido. ¿Moisés era perfecto? ¡No! No lo era, pero las personas siempre quieren idealizar a un líder por la inclinación del hombre a la idolatría. Moisés, a pesar de ser uno de los líderes más importantes de la historia, tuvo faltas y pecados; sin embargo, era un hombre que tenía temor de Dios y se regía por los principios que Dios había establecido en la Torá.

La Biblia muestra que Datán y Abiram, pese a su apariencia de justicia y su aparente preocupación por el pueblo, estaban movidos no por el amor, sino por la ambición de poder. El Salmo 106:16 dice que su motivación era la envidia que sentían hacia Moisés y Aarón. Lo que realmente los movía era el resentimiento por no poder ocupar el cargo que ellos creían que merecían. Cuando Moisés instruyó al pueblo a apartarse de Datán y Abiram para no perecer junto con ellos, los describió como hombres impíos, malvados, reshaim en hebreo. Y no fue una percepción equivocada, pues Dios hizo que la tierra se los tragara vivos.

Anterior a ese suceso, el pueblo atravesaba un gran conflicto, pues después de que diez espías dieron un mal informe sobre la tierra prometida, el castigo de Dios fue que esa generación no entraría en ella. Podrían seguir dependiendo de Dios, recibiendo cada día el maná, siendo protegidos del sol por la columna de nube y siendo abrigados en la oscuridad y el frío nocturno del desierto por el calor y la luz de la columna de fuego, pero no entrarían a la tierra prometida a causa de su desobediencia e incredulidad.

En ese contexto de frustración, desilusión y descontento fue donde la rebelión de Koraj encontró terreno fértil. Aprovechando el dolor y la decepción del pueblo, Datán y Abiram llegaron a venderles la idea de que Egipto era, en realidad, la tierra que fluía leche y miel. Números 16:13 recoge el reclamo que estos dos hombres hicieron a Moisés:

 “¿Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel (Egipto), para hacernos morir en el desierto, sino que también te enseñorees de nosotros imperiosamente?”

Estos hombres le hicieron creer al pueblo que era mejor volver a Egipto, pues según ellos ese era el mejor sistema y debían regresar a él. Es difícil entender cómo el pueblo, que había sufrido tanto en Egipto, podía olvidar su dolor y desear volver a la esclavitud. Es como la mujer violentada por su pareja que desea regresar con quien ha puesto en riesgo su vida, solo por dejarse llevar de palabras hermosas pero engañosas.

Datán y Abiram usaron palabras dulces para dirigirse al pueblo, que ya había murmurado y desobedecido a Dios, y lograron tocar sus corazones al afirmar que Moisés y Aarón estaban equivocados. Sostenían que ellos no habían pecado, sino que eran santos, mientras que Moisés y Aarón eran tiranos que solo buscaban adueñarse del pueblo. Muchas veces no queremos escuchar la verdad, sino aquello que confirma lo que ya queremos creer. Preferimos pensar que somos víctimas del sistema y que no tenemos responsabilidad por lo que nos ocurre. Y aunque es cierto que existen personas que realmente han sido víctimas, también es verdad que el victimismo se utiliza como estrategia política para cautivar los corazones de las masas y ganar su aprobación.

Así como el pueblo de Israel se encontraba en un desierto, hoy Colombia también lo enfrenta. En la Biblia, el desierto no es solamente un lugar geográfico; sino que con frecuencia aparece como un lugar de prueba, decisión, dependencia de Dios, confrontación interior y definición del rumbo futuro. 

El desierto revela lo más profundo que hay en el corazón y obliga a tomar decisiones. Si queremos salir vencedores del desierto, como Yeshua (Jesús) lo hizo después de estar 40 días en él, solo podremos lograrlo si nos alineamos con la Palabra de Dios.

Hoy Colombia se encuentra en un periodo crucial en el que se definirá su futuro, y tú y yo no somos ajenos a esta realidad. Hoy somos partícipes, y nuestras decisiones no solo tendrán consecuencias para nuestro país, sino también para nosotros mismos. Los líderes tienen responsabilidad, pero cada persona también elige su propio destino. 

Los líderes que fueron en contra de Dios, recibieron juicio cuando la tierra se abrió y fueron tragados vivos. Pero aquellos que se dejaron contaminar por la ideología de Datán y Abiram, murieron en una plaga en la que cayeron 14.700 miembros del pueblo de Dios. Al final, no basta con pertenecer al pueblo; es necesario comprender quién es Dios y cuál es su postura frente al liderazgo y sus propuestas.

En varias naciones del mundo hoy no existe la posibilidad de escoger libremente a sus gobernantes, pues están sometidas a regímenes autoritarios. Sin embargo, cuando en nuestro país tenemos la oportunidad de participar en la elección de quienes nos gobernarán, debemos hacerlo no guiados por nuestras emociones, simpatías o ideologías, sino a la luz de la Palabra de Dios. Si afirmamos pertenecer al pueblo de Dios, nuestra principal referencia no debería ser la derecha ni la izquierda, sino los principios y valores que Él establece y aprueba.

Hoy Colombia tiene dos candidatos, y sabemos cuál candidato apoya el aborto, la transición de género y la destrucción del núcleo familiar establecido por Dios apoyando matrimonios del mismo sexo. También tenemos claro que ese mismo candidato busca el fortalecimiento de su campaña y gobierno mediante la brujería, la hechicería y la doctrina de demonios. Y cuando votamos en estas elecciones, que son tan opuestas en su visión, podemos hacerlo como hijos de Dios que darán cuenta por sus acciones, o basados en nuestras emociones y conflictos internos.

Dios lo observa todo y cuando Josafat se alió con el malvado rey Acab, el profeta Jehú le transmite una palabra de parte de Dios: 

“¿Cómo te atreviste a ayudar a los malvados, haciendo alianza con los enemigos delSeñor? Por haber hecho eso, la ira del Señor ha caído sobre ti.” 2 Crónicas 19:2

Al final, los dirigentes recibirán su propio castigo o recompensa de acuerdo con sus actos, pero el pueblo también cosechará los resultados de las decisiones que toma. Nuestras elecciones importan, y no solo afectan a quienes ejercen el liderazgo, sino también al rumbo que seguimos como sociedad e individuos.

Dios no nos obliga a actuar de una determinada manera; nos da la capacidad de elegir. A lo largo de la Escritura encontramos el mismo llamado: elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición, entre el bien y el mal. Y aunque pueda resultar incómodo, delante de Dios no existe la posibilidad de permanecer indefinidamente neutrales, no existe el voto en blanco. Tarde o temprano debemos decidir qué camino seguiremos, y de acuerdo con nuestras elecciones viviremos o moriremos. 

Shavua Tov!


Soy comunitaria de Yovel y profesora de Benei Mitzvah.

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