Por Natalia Lara

¿Por qué el Ángel le reclama a Balaam por castigar a su asna? ¿Acaso el Ángel hacía parte de la sociedad protectora de animales? ¿Y qué tiene esto que ver con dar las gracias?

La parashá de esta semana בלק Balak [Nm 22:2-25:9] comienza con una historia que además de divertida nos da una poderosa enseñanza: Balak, rey de Moab, envía a buscar al profeta Balaam,  para que este maldiga a Israel, y aunque en un principio él se niega ya que el Eterno no le autoriza hacerlo, su corazón atraído por las riquezas termina empujándolo a ir donde Balak [Nm 22:2-20]. En el camino el Ángel del Eterno se atraviesa para obstaculizarlo, con la particularidad que ¡es el asna – y no el profeta – quien ve al Ángel! Para evitar que mate a su amo, el asna primero se sale del camino y se va al campo por lo que Balaam la castiga, luego se arrima a una cerca por lo que es castigada por segunda vez, y finalmente se echa bajo Balaam y se niega a andar, por lo que el profeta la castiga por tercera vez. Hashem abre entonces la boca del asna que le reclama a Balaam “¿Qué te he hecho para que me castigues tres veces?… ¿No soy tu asna sobre la que has cabalgado tantas veces? Acaso ¿te he fallado antes?” Entonces Hashem abre los ojos de Balaam, quien por fin logra ver al Ángel del Eterno con la espada desenvainada y le hace una pregunta “¿Por qué castigaste 3 veces a tu asna?” [Nm 2:21-33].

¿Por qué el Ángel le reclama a Balaam por castigar a su asna?  ¿Acaso el Ángel hacía parte de la sociedad protectora de animales? ¿No hubiese sido mejor confrontarlo por los motivos por los que se fue a Moab, por ser ambicioso o por intentar maldecir a Israel?… Muy probablemente, lo que el Ángel estaba tratando de mostrarle a Balaam era algo en él, en lo que ni siquiera había pensado… su corazón desagradecido. Y es que cuando alguien no reconoce los servicios recibidos de una persona, animal u objeto, a la larga negará los favores recibidos del Eterno, que es quien los provee… tal como hizo Balaam, pues, aunque oía las palabras de Hashem y veía sus visiones [Nm 24:4] terminó traicionándolo, al aconsejar a las mujeres moabitas para que hicieran pecar a Israel trayendo una gran mortandad sobre el pueblo [Nm 31:16].

Y es que una persona puede orarle a Di-s, alabar a Di-s, o incluso – como Balaam – ser profeta de Di-s, pero si tiene un corazón desagradecido está lejos de tener una relación personal con Él … podrá aparentar que ora, alaba y profetiza, pero jamás tendrá una conexión directa con Hashem. Una persona desagradecida está cayendo en idolatría, pues hace un ídolo de sí mismo que demanda que otros le sirvan.  Las personas así son naturalmente infelices, pues siempre esperan más y nunca están satisfechas, se sienten con frecuencia frustradas, resentidas o enojadas cuando las cosas no salen como ellos quieren, los demás no actúan como ellos esperan o no los tratan “como se merecen”.

Tener un corazón agradecido va más allá de decir “gracias Señor por este día de vida” o hacer las oraciones por los alimentos. Un corazón agradecido es capaz de reconocer el mérito incluso de las cosas obvias: la provisión que el esposo trae a casa, el desayuno que sirve la esposa en la mesa o el cajón que mamá llena de ropa limpia.  Y no se trata solo de darle gracias a Di-s, sino a nuestros semejantes, pues “el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto” [1 Jn 4:20]. 

Pero va aún más allá de ser agradecidos con quienes nos rodean, pues implica también la gratitud a los objetos que nos sirven, reconociendo que tanto unos como otros son los canales de las bendiciones de Di-s. Cuando Hashem castigó a Egipto con las diez plagas, fue Aharon y no Moshé quien golpeó el Nilo para que se volviera sangre [Ex 7:20] y la tierra para que se convirtiera en mosquitos [Ex 8:17] ¿Qué quiere enseñarnos Hashem a través de ello?… Que Moshé tenía una deuda de gratitud tanto con las aguas del Nilo que le salvaron la vida [Ex 2:3-6], como con la arena que ocultó el cadáver del egipcio que Moshé había matado [Ex 2:12] por lo cual no golpeo ni el agua ni la arena… Y aunque eso había sucedido más de 40 años atrás, nos recuerda que ¡Las deudas de gratitud no tienen fecha de vencimiento! 

La historia de Moshé nos enseña no solo a ser agradecidos aún con los objetos inanimados sino a no maltratarlos (vb. gr. No pisotear la ropa, no golpear las cosas, no ser descuidados con los objetos, etc). Y si no se nos permite desdeñar los objetos ¡Mucho menos lastimar o humillar a quien nos presta un servicio o nos ha hecho un favor por pequeño que sea! Y esto incluye personas tan cercanas como nuestros padres, cónyuges, maestros o amigos; pero también al conductor del medio que nos transporta, a la persona que nos abre la puerta o a quien nos ayuda en casa. 

La Torá no sólo nos invita a ser agradecidos: “Cuando hayas comido y estés satisfecho, alabarás al Señor tu Dios por la tierra buena que te habrá dado” [Dt 8:10], sino que nos recuerda que no hacerlo es una muestra de orgullo [Dt 8:14]. El antídoto contra la ingratitud consiste en recordar que no somos nada pues “Di-s nos hizo y no nosotros” [Sal 100:3] y aún lo más grande que hayamos hecho proviene de él pues “Es él quien te da el poder para producir esa riqueza” [Dt 8:18].  Cuando vemos todo lo que tenemos como un regalo – y no como algo que merezcamos – dejamos de pedir para nosotros mismos, de enojarnos cuando nuestras demandas no son satisfechas y en cambio aprendemos a valorar y dar sinceramente gracias por cada cosa que tenemos.

Esto nos pone en la posición de dar gracias incluso, por lo que parecería ser obligatorio, es decir, aunque es responsabilidad de los padres proveer para sus hijos, los hijos a su vez deben agradecer por todo ello y no darlo como algo obvio. Del mismo modo, aunque en la ketuvá (contrato matrimonial) el esposo se compromete a alimentar, vestir y hacer feliz a su esposa, ella debe agradecer porque él cumple esta responsabilidad. Lo mismo aplica incluso en el ámbito laboral, en el que tanto los empleados deberían agradecer a sus jefes por el pago, como los jefes agradecer por el buen trabajo que hacen sus subalternos. 

El mismo Yeshúa fue ejemplo de esto: agradeciendo al Padre no solo por escuchar sus oraciones – incluso antes de que sucedieran los milagros – [Jn 11:40-42], por el sustento [Mt 14:19, 26:26] e incluso por las revelaciones que le daba Hashem a quienes creían en Yeshúa [Mt 11:25]. 

Dar gracias en todo tiempo nos hace estar gozosos [1 Tes 5:16-18], aún en las dificultades pues podemos ver las bendiciones de Hashem en medio de ellas, entendiendo que mediante la prueba nos acercamos más a él y transformamos nuestro carácter, y es entonces cuando todo nos ayuda para bien [Ro 8:28]. 

En el Olam haba (mundo venidero), todas las plegarias desaparecerán, pues ya no habrá queja ni pecado… pero las plegarias por el agradecimiento continuarán vigentes [Is 12:4]: aclamándole porque él es bueno; porque su misericordia es eterna [1 Crónicas 16:34]. Y si aún al terminar este artículo, dudas por qué dar gracias a Hashem o sientes que aún te faltan motivos para reemplazar la queja por la gratitud, te quiero dejar una historia que tal vez nos recuerde el por qué hacerlo:

“Dos hombres le debían dinero a cierto prestamista. Uno le debía quinientas monedas de plata, y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. Ahora bien, ¿cuál de los dos lo amará más?

—Supongo que aquel a quien más le perdonó —contestó Simón.

—Has juzgado bien —le dijo Yeshúa

Luego se volvió hacia la mujer y le dijo a Simón: —¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para los pies, pero ella me ha bañado los pies en lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. Tú no me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con aceite, pero ella me ungió los pies con perfume. Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama” [Lc 7:41-47] .

Y a ti… ¿Cuánto te ha perdonado Hashem? Acaso ¿La salvación no es un motivo suficiente para darle gracias?

¡Shavua tov!

***


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Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.

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