Una de las perlas de la parashá Tetzaveh, es el altar del incienso [Ex. 30:1-10]. De acuerdo al Strong es la # 4196 (מִזְבֵּ֫חַ misbéakj): altar, que viene de la palabra # 2076 (זָבַח zabákj): matar un animal; por lo general en sacrificio, ofrecer, sacrificar, lleva consigo la idea de abatir o reducir a la nada.

El incienso según los sabios.

Según Najmánides el incienso es visto como un medio de aplacamiento de la cólera Divina. En caso de infracción el incienso podrá ejercer su virtud pacificadora. Además, tiene por resultado abatir o detener los castigos, las calamidades o el ángel de la muerte [1].

Según el Zohar y el Midrash, de todos los sacrificios ofrecidos a HaShem, ninguno le es más preciado que el del incienso, ya que de entre toda la serie de sacrificios no tiene un propósito expiatorio; está hecho solo para suscitar el placer, tal como aparece en los proverbios de Salomón. “El ungüento y el perfume alegran el corazón, Y el cordial consejo del amigo, al hombre” [Prov. 27:9] [1].

El incienso tiene el poder de triunfar sobre la ruina y la destrucción, refrena las fuerzas maléficas y detiene el brazo de la muerte (Tratado Shabbat 89 a). 

Los dos altares.

En el tabernáculo había dos altares: El altar del holocausto o altar de bronce [Ex. 27:1-8] situado en el exterior del santuario y reservado a la combustión de la carne de las bestias del sacrificio. Y el altar del incienso o altar de oro [Ex 30:1-10] situado en el interior delante de la Shejináh, reservado a la combustión del incienso, del que asciende el perfume delicioso hacia HaShem, y se convierte en sinónimo de pureza y de regocijo espiritual. [1].

Cada altar era consagrado a un servicio específico, llevado en dos etapas: la combustión de la carne del animal en el primer altar, y la ascensión del incienso en el segundo.

El incienso era un producto compuesto de diversos aromas, pero los carbones ardientes destinados hacerlas arder provenían de la combustión sobre el altar de los sacrificios, de tal modo que el incienso comprendía efectivamente los residuos del sacrificio. La combustión del incienso se realizaba cada día, mañana y tarde (Tamid II,5). [1].

El Incienso y la oración 

El rey David estableció un paralelo entre las dos formas de servicio divino que son el rezo y el incienso:  Suba mi oración delante de ti como el incienso, El don de mis manos como la ofrenda de la tarde. [Salmo 141:2].

El zohar dice que la plegaria es superior a todas las formas de culto, pero, así como el fuego destruye todos los gérmenes del mal, la llama del incienso hace desaparecer las manchas y las impurezas. La columna de humo que se eleva del altar en homenaje al eterno, produce un efecto de purificación y de saneamiento moral.

Significado del fuego

El fuego significa la manifestación sobrenatural de HaShem, así como se le apareció a Moisés el Ángel de HaShem en una llama de fuego en medio de una zarza [Ex.3:1-2].

El fuego demuestra la aprobación de HaShem, cuando Moisés y Aarón en el tabernáculo bendijeron al pueblo y salió fuego de delante de HaShem, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros. [Lev. 9:23-24]. También cuando Noé, edificó un altar a HaShem y ofreció holocausto, el eterno percibió olor grato y dijo en su corazón No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre [Gen. 8:20-21].

El fuego permite santificar el nombre de HaShem a través de su justicia: Ocozias estaba enfermo y mandó a consultar a dioses. Elías les dijo: ¿No hay Di-s en Israel, que tú envías a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón?… Elías respondió y dijo al capitán de cincuenta: Si yo soy varón de Di-s, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió a él y a sus cincuenta. [2 Re. 1-9].

El fuego ha permitido guiar a Israel: HaShem iba delante de ellos de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche” [Ex. 13:21].

El fuego fue usado para llevar a Elías al cielo en un torbellino, en un carro de fuego con caballos de fuego [2 Re. 2:11].

El fuego es la protección de HaShem para Israel: Yo seré para ella, dice HaShem, muro de fuego en derredor, y para gloria estaré en medio de ella. [Zac. 2:5].

El fuego es la Ruaj HaKodesh: “Se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos” [Hec. 2:1-3].

El fuego es para los servidores de HaShem. “Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, Y a sus ministros llama de fuego” [Heb. 1:7]. La palabra ministro es la # 3011 del griego que significa servidor, funcionario del templo o del evangelio, adorador, servidor, ministrador, ministro.

El fuego purifica como en el caso de Isaías: “Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado” [Is. 5:6-7].

El fuego en el altar actualmente

Actualmente, no hay un tabernáculo físico, es decir, no hecho de manos, ni de esta creación, no por sangre de machos cabríos ni becerros, sino por la propia sangre de nuestro salvador Yeshúa, quien nos ha limpiado para que sirvamos al único Di-s vivo [Heb.9:11-14]. En este momento el templo somos cada uno de nosotros.  ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Di-s, y que no sois vuestros? [1 Co. 6:19]. 

Los sacrificios que se hacían ante el altar eran una ofrenda ígnea de olor grato ante Adonaí [Lev. 1:9], actualmente, no se hacen sacrificios, sin embargo, la relación del incienso y el olor, está relacionada con las oraciones de los santos [Ap. 8:4; Sal. 141:2]. 

Amigo lector, como vimos anteriormente para encender el carbón del altar del incienso se requería de un carbón encendido del altar de los sacrificios, es decir que, hoy en día, nosotros necesitamos un carbón encendido que viene del sacrificio que hizo Yeshúa y por medio de la Ruaj HaKodesh podemos encender nuestro altar del incienso, con oraciones guiadas por el espíritu. 

Mientras hay combustión del incienso de nuestras oraciones, suceden dos cosas: la primera es que este aroma que emana, sube delante de la presencia de HaShem, y la segunda es que el fuego del altar del incienso, quema, renueva, purifica, santifica, nuestra vida, en la medida que permitimos que arda el fuego de manera constante. 

Que podamos ser purificados como el oro, el cual una vez tratado ya no vuelve a su estado normal, que nuestra vida sea como un sacrificio, como una ofrenda para que arda el fuego y nunca se apague.

Shavua Tov.

Referencias

[1] Munk, E. (2001). La voz de la Torah. Comentario del pentateuco. Edición original en francés. Fundación Samuel y Odette Levy. Paris. 

[2] Strong, James (2003). Concordancia Strong exhaustiva de la biblia. Editorial caribe.

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¡Shavua Tov!


Miembro de la comunidad Yovel, Dra. Ingeniería de Alimentos. “Nada tenemos que no hayamos recibido” [1 Cor. 4:7]

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