Por Martha Tarazona

“Límpiense, pues, de la vieja levadura, para que sean nueva masa, sin levadura como deben ser, porque nuestro pesaj, que es Mashiaj, ya fue sacrificado por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”  [1 cor. 5, 7-8].

¿Qué es la vieja levadura? Cada creyente hemos tenido un antes y un después. Justo esa división, sucedió cuando entregamos nuestra vida a nuestro salvador, y comenzamos un camino de cambio “De modo que si alguno está en Yeshúa, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” [2 Cor. 5:17]. La levadura que teníamos en nuestra vida fue siendo removida poco a poco, o tal vez no hemos salido de ella. Entre más nos acercamos a nuestro padre, podemos ver de cerca, cuánta levadura aún tenemos, y cuánto nos falta para llegar a la estatura del varón perfecto [Ef. 4:13].  “Seis cosas aborrece Adonaí, Y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa,
Las manos derramadoras de sangre inocente, El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, El testigo falso que habla mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos” [Prov. 6:16-19].

Examinemos nuestra vida, e identifiquemos si hacemos estas cosas que el Eterno aborrece.

Los ojos altivos: la altivez (strong 1364, gaboáj) significa: elevado o alzado, poderoso, arrogante, altanería, altivo, alto, altura, arrogante, elevado, grandeza, sobrepasar, sublime. Todos hemos conocido a alguna persona con estas características en nuestro trabajo, estudio, familia, etc. Sin embargo, este artículo está dirigido a los creyentes, ¿por qué siendo limpiados con la sangre de Yeshúa, hay altivez? buena pregunta, ¿qué hace a una persona elevarse? ¿su belleza? ¿su dinero? ¿sus estudios? ¿su estatus? ¿sus talentos? ¿sus fortalezas? ¿su familia?, ¿su esposo (a)? ¿sus hijos?. ¿Por qué si el Eterno nos da todo? “Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” [1 cor. 4:7]

Realmente,  si amaramos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, no lo miraríamos, ni le hablaríamos con altivez, no nos alzaríamos en nuestra arrogancia, sino que aprenderíamos a escuchar y ver la necesidad del otro.

“Entre burlas hacen planes malvados y violentos, y siempre hablan con altanería” [Sal. 73:8]. Cuantas veces se disfraza la humildad y se habla con la altanería y la arrogancia de nuestro propio yo.

“Destruiré al que con malicia deshonre a su prójimo; no toleraré a los de mirada altanera y vanidosa” [Sal. 101:5]. Examinemos nuestro corazón, cuáles son los motivos para la altanería y la vanidad?

“Bien sabemos que Moab es muy soberbio; que su corazón es arrogante, orgulloso, engreído y altanero; y yo conozco su furor. Pero de nada le servirá. Ningún provecho sacará de su jactancia” [Jer. 48:29-30]

Examinémonos: ¿hay soberbia en nuestra vida? ¿Somos arrogantes, con algunas personas sí y con otras no? ¿Somos orgullosos? ¿Somos altaneros?.

El orgullo es un sentido presumido de la superioridad, sin embargo, una persona puede no ser tan superior en cualquier área de su vida, y puede ser más orgullosa que una persona que lo sea, es decir, una persona con estabilidad económica, laboral, personal, etc, puede ser más humilde, que una persona que no tenga éstas cosas, porque la humildad está en el corazón. Por ejemplo, un habitante de calle, puede ser más orgulloso, que un Doctor, porque en el segundo caso, la sangre de Yeshúa lo limpió y sabe que todo viene del Eterno, y el primero tiene heridas en su corazón, que aún sin tener nada es altivo, arrogante y orgulloso. ¿De qué lado queremos estar? ¿Del lado de los orgullosos o de los humildes?.

Cuando el Eterno trata en nosotros la humildad; aunque el trato no es fácil, y tenemos que morir como muere el trigo, para que haya fruto, y tenemos que ser procesados, triturados, hasta que salga el mejor trigo, el mejor aceite, el mejor vino, podemos sentirnos en otro nivel espiritual, y luego viene la recompensa. Por ejemplo, Salomón no pidió grandezas para enorgullecerse, sin embargo el Eterno se las dio de añadidura “Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días” [1 R.3:11-14], porque, “Riquezas, honra y vida, son la remuneración de la humildad y del temor del Señor” [Prov. 22:4]. La humildad verdaderamente engrandece, “Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” [Mt. 18:4], “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes” [1 P. 5:5].

En este tiempo de sacar la levadura de nuestra vida, la invitación es a que nos examinemos a la luz, de las cosas que el eterno aborrece [Prov. 6:16-19]: “Seis cosas aborrece Adonai, Y aun siete abomina su alma:

    • Los ojos altivos (arrogancia, altivez, orgullo, etc).
    • La lengua mentirosa (Lashon hará): Un hombre sabio dijo una vez, “No tienes que decir todo lo que piensas”. El Talmud dice que cuando hablamos, nuestra boca tiene que actuar como una “compuerta”, controlando todo lo que fluye.
    • Las manos derramadoras de sangre inocente.
    • El corazón que maquina pensamientos inicuos ¿qué hay en nuestros pensamientos hacia nuestros hermanos? Que no lo decimos pero lo sentimos,: ¿celos, envidias, contiendas, peleas, etc? El Talmud dice que “Los malos pensamientos son (de cierta manera) incluso peores que las acciones”. Esto es ya que desde una perspectiva espiritual, “los pensamientos” representan una dimensión más elevada de la actividad humana. (Los “pensamientos” están enraizados en el mundo espiritual; las “acciones” en el mundo material).
    • Los pies presurosos para correr al mal.
    • El testigo falso que habla mentiras
    • Y el que siembra discordia entre hermanos.

¿Será que tenemos un poquito de alguna de las anteriores?.  No sabéis que “Un poco de levadura leuda toda la masa” [Gál. 5:9-10].

¿Será que actuamos de manera diferente dependiendo la persona con la que nos relacionamos, con unos sonreímos y a otros humillamos, a unos hablamos con calidez y a otros con la arrogancia de nuestro corazón, a unos damos y a otros ignoramos? Cuánto nos falta el amor de Yeshúa en nuestra vida, para poder quitar la levadura del orgullo y ser más como nuestro salvador.

***


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Martha Patricia Tarazona Díaz. Ph.D.             Gracias al Eterno, a su amor y a su misericordia, que me ha permitido tener una carrera muy bendecida con experiencia en producción y calidad en industrias alimentarias en Colombia y en investigación entre Empresa-Universidad en España. Ingeniera de Alimentos (Colombia), Licenciada en Ciencias y Tecnología de Alimentos (Ministerio de Educación España) y Doctora en Técnicas Avanzadas en Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (España). Docente en el Departamento de Ingeniería, Bogotá (Colombia). Nada tenemos que no hayamos recibido [1 Cor. 4:7].

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Un comentario en «Límpiense, pues, de la vieja levadura»

  1. Buenos días, gracias doctora por el mensaje tan contundente. Y sí, si amaramos al prójimo como a nosotros mismos, no habría o habría menos heridas emocionales.

    También deseo consultarle, es cierto que las gelatinas comerciales son hechas con huesos de colágeno porcino y cárnico al igual que los chicles?
    Quedo atenta de su respuesta, gracias.

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