Este es el tipo de artículos que no quisiéramos tener que escribir, pero la muerte es una realidad tan certera como la vida, por lo que esperamos que estas líneas puedan ser de ayuda -como lo han sido para nosotros- si en algún momento alguien cercano a ti pasa por la pérdida de un niño. La pérdida de un ser querido nos deja un vacío indescriptible y conmueve lo más profundo de nuestro entorno. Como familias que compartimos la fe, los espacios cotidianos y la crianza de nuestros hijos, sentimos de cerca el dolor de quienes atraviesan un proceso de luto. En momentos así, es natural preguntarnos cómo ser un sostén real, respetuoso y amoroso. Desde la síntesis entre la psicología, la sabiduría del judaísmo y la vivencia como padres, compartimos esta guía de acompañamiento comunitario.

El significado de la Shivá: Un refugio comunitario para el dolor

En el judaísmo, la sabiduría de los sabios ha diseñado un proceso gradual para procesar las pérdidas. El primer paso fundamental es la Shivá (palabra hebrea que significa «siete»), el período de luto intensivo de siete días tras el entierro.

Maimónides (Mishné Torá, Leyes sobre el Duelo) y el Talmud explican que la Shivá cumple una doble función esencial:

  • Un tiempo exclusivo para procesar el impacto: las obligaciones del mundo exterior se detienen para los dolientes con el fin de permitirles transitar su dolor.
  • Activar el precepto de Nijum Avelim (consolar a los dolientes): consiste en rodear a la familia y brindarle contención en su propio espacio
    Desaprender la prisa por «estar bien»

En nuestra cultura colombiana nos sentimos orgullosos de ser personas trabajadoras, resueltas, valientes y profundamente resilientes. Sin embargo, este mismo rasgo a veces nos juega en contra. Inconscientemente, hemos aprendido a mostrar solo las emociones asociadas al bienestar o la alegría, reprimiendo la tristeza, el llanto o la frustración.
A veces se piensa que ser fuerte es «superar rápido»; y tendemos a usar frases como «no llores», «tienes que ser fuerte» o «todo va a estar bien». Pero la psicología nos enseña que, para levantarse de verdad, primero hay que hacer bien el proceso de sentir. No se puede sanar lo que no se permite habitar. La verdadera resiliencia no consiste en saltarse la tristeza, sino en tomarse el tiempo necesario para procesarla y ponerla en manos del Eterno, y así lograr vivir el proceso como está escrito: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Yeshúa” [Fil. 4:7].

  • Sostener la emoción sin intentar cambiarla: los dolientes necesitan total libertad para expresar sus emociones. Validar su dolor significa no frenar su llanto, ni pedirles una resignación apresurada. Si desean hablar, se les escucha; si prefieren guardar silencio, se respeta.
  • El arte de estar en silencio: a veces nos abruma no saber qué decir frente a una pérdida tan inconmensurable. La respuesta es sencilla: no se requiere decir nada; muchas veces la presencia es suficiente. La tradición judía enseña que, al visitar una casa de Shivá, es preferible no hablar hasta que el doliente tome la iniciativa. Permanecer al lado en silencio, ofrecer un abrazo sincero o simplemente «estar» es una de las formas más altas de amor y respeto. El silencio compartido no es incomodidad, es refugio.
  • Respetar sus necesidades: Acompañar no es imponer nuestros criterios. La clave está en no incomodar, preguntar directamente qué necesitan o estar atentos a sus señales y no presionar.
    Cómo explicar las pérdidas a nuestros hijos

Explicar la muerte a los niños exige un equilibrio entre la sensibilidad y la claridad del desarrollo infantil. Los niños perciben la tensión y el dolor de los adultos; negar lo que pasa, no explicar o disfrazar la verdad solo alimenta su incertidumbre y sus temores.

  • Ajuste por edad y claridad directa: la comprensión de la muerte cambia según la etapa del desarrollo. Sin embargo, para cualquier edad, el principio fundamental es usar un lenguaje concreto, suave y libre de eufemismos. Es importante evitar metáforas confusas como «está dormido», «se fue a descansar», entre otras, ya que pueden generar confusión. Explicar que la persona ha fallecido ayuda a dar certeza; esto implica decir que su cuerpo, su corazón y sus pulmones han dejado de funcionar y que no lo volveremos a ver. También ayuda explicar que, quien falleció, ya no siente dolor, y responder de forma clara y puntual cualquier pregunta que tengan alrededor del proceso de la muerte. Decir “no sé” y buscar ayuda calificada también es válido.
  • Diversidad de reacciones: cada niño procesa el impacto de manera única y ningún comportamiento inicial es incorrecto. Algunos llorarán profundamente, otros sentirán rabia o confusión, y otros guardarán un silencio absoluto. Es completamente normal que un niño reciba la noticia y a los pocos minutos pida ir a jugar. Dejemos la puerta abierta para responder a sus dudas cuando lo requieran, asegurando que cualquier emoción que sientan es válida.
  • Modelaje emocional, llorar frente a ellos también enseña: en nuestra búsqueda por proteger a nuestros hijos, a menudo escondemos las lágrimas para «mostrarnos fuertes». Ocultar la tristeza transmite el mensaje implícito de que dicha emoción es peligrosa o inadecuada. Permitir que nuestros hijos nos vean tristes o llorar con ellos les enseña que la tristeza es una respuesta humana y natural ante la pérdida. Mostrarnos vulnerables valida su propio dolor y les da permiso para expresar lo que sienten sin vergüenza.
  • Observación del comportamiento: los niños no siempre expresan su dolor con palabras. Debemos prestar atención a cambios en la conducta, alteraciones en el sueño, regresiones, cambios bruscos de humor, apego excesivo o aislamiento. Guardar silencio no siempre significa estar bien; se requiere nuestra observación amorosa para ayudarles a nombrar lo que sienten. • Guiar sus interacciones: enseñemos a los niños que al encontrarse con alguien que atraviesa un duelo basta con dar un abrazo, entregar un dibujo o decir «lo siento mucho».
  • ¿También me puede pasar a mí?: es posible que los niños tengan esta pregunta. Es importante explicar que la muerte de un niño es un suceso extraño e inesperado. Decirles que solo Di-s tiene control sobre la vida, pero que pueden poner la mano en su barriga, o tocar su pecho o su corazón, para darse cuenta de que están funcionando adecuadamente.

    Tradiciones judías en honor a los dolientes y la memoria
    Dentro de la tradición judía existen diversas mitzvot (preceptos) y costumbres orientadas a honrar el recuerdo de quien partió y a sostener a su familia de manera respetuosa:
  • Nijum Avelim (Consuelo a los dolientes): visitar la casa de Shivá para acompañar y escuchar, proveer las comidas de condolencia, y asegurarse de que la familia no deba preocuparse por tareas domésticas, pago de recibos, etc.
  • Tzedaká (Caridad) y Mitzvot: realizar donaciones o actos de bondad en mérito y memoria del ser querido.
  • Estudio de Torá: dedicar sesiones de estudio de textos sagrados en nombre de la persona fallecida, elevando su recuerdo a través del aprendizaje comunitario.
    Di-s es soberano

Es normal que en estos momentos haya preguntas como “¿Por qué ocurrió?”, “¿Es un castigo?” o “¿Es culpa de…?”. Sin embargo, debemos recordar que Di-s tiene el control de la vida y que es la mano de Hashem la que la sostiene. Recordemos que “del SEÑOR viene la muerte y la vida; a unos hace bajar al sepulcro y a otros los levanta” [1 Sam. 2:6].
Y es que si alguien puede entender el dolor de un padre que ha perdido a su hijo es Di-s mismo: “porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” [Jn. 3:16].

Muchas situaciones difíciles, incluso la muerte de un niño, pueden no tener solución en este mundo terrenal, pero tienen esperanza para nosotros en el olam habá (el mundo venidero, el cielo). “Entonces Yeshúa dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?” [Jn. 11:25-26].

¡Shavúa Tov!

***Artículo escrito en honor a la familia Pardo Armero.

Proyecto Ledorvador

Somos un grupo de comunitarias que -bajo la oración, el estudio y la discusión – queremos ayudarte con tus dudas sobre vida familiar, maternidad y crianza.

Puedes escribir tus preguntas al correo ledorvador5786@gmail.com o, puedes dejar tu pregunta anónima al siguiente link

https://forms.gle/jbMYap4267mDQkFw9
Comparte en redes

Entradas relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *