La parashá Jukat (estatuto) habla de la purificación a través de la sangre de una vaca alazana, perfecta, en la cual no haya falta, sobre la cual no se haya puesto yugo [Núm.19:2]. Yeshúa murió por nuestra vida, siendo un hombre perfecto, en el cual no hubo falta, sobre el que no se puso yugo. Así como la sangre de la vaca alazana purificaba, la sangre de Yeshúa nos purifica y nos permite estar aptos para el servicio sublime de predicar su palabra y desarrollar el ministerio al cual hemos sido llamados, desde antes de la creación del mundo.

Por medio de su sangre vino la luz al mundo, sin embargo, algunos aman más las tinieblas que la luz, pero ya tienen su pago si no se arrepienten y se convierten de sus malos caminos, como está escrito: 

“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en HaShem”. (Juan 3:19-21)

En la parashá Balak, vemos como Balac escogió la oscuridad, valiéndose de un adivino y profeta (Balaam) que tenía credibilidad; ya que le dijo Balak: “yo sé que el tú bendigas será bendito, y el que tu maldigas será maldito” [Núm. 22:6]. Además, había dinero de por medio, para ejecutar la maldad: “Fueron los ancianos de Moab y los ancianos de Madián con las dádivas de adivinación en su mano, y llegaron a Balaam y le dijeron las palabras de Balac” [Núm. 22:7]. “Porque sin duda te honraré mucho, y haré todo lo que me digas; ven, pues, ahora, maldíceme a este pueblo” [Núm. 22:17].

Sin embargo, HaShem le dijo a Balaam: “No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es” [Núm. 22:12].

HaShem ama a Colombia, porque los colombianos somos su creación, hechos a su imagen y semejanza, “Y creó HaShem al hombre a su imagen, a imagen de HaShem lo creó; varón y hembra los creó” [Gén. 1:27] y no quiere que ningún colombiano se pierda.

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” [2 Ped. 3:9].

Hoy declaramos en el nombre poderoso de Yeshúa HaMashiaj que cada día HaShem añade a su redil a los colombianos que han de ser salvos y pasan a ser hijos del Altísimo, por eso hoy bendecimos a Colombia: 

Cuán hermosas son tus montañas, ¡oh, Colombia!; allí donde la Cordillera de los

Andes se despliega en tres brazos soberanos; Occidental, Central y Oriental.

Tus corrientes naturales de agua recorren la patria, desde las quebradas de la 

montaña hasta los caños del llano y la selva; allí, en la Sierra de la Macarena, 

custodias el milagro de Caño Cristales, aquel hermoso río de siete colores. Tu

gran belleza en las quebradas andinas que alimentan grandes ríos.  

¡Oh, Colombia!, cuán hermosas tus alturas y tus huertos repartidos en todos los

climas, desde el ardiente calor hasta el páramo y el glacial, permitiendo que la

tierra produzca sus frutos cada día del año. Qué inmensa potencia agrícola eres,

Patria querida; tus suelos volcánicos son el cimiento donde crecen el café, el 

cacao, la caña de azúcar y la palma de aceite, junto al plátano, el banano, el arroz, 

la papa, la yuca y el infinito tesoro de tus frutas exóticas.

Vistes al mundo con tus colores, ¡oh, Colombia!, exportando las flores más bellas que conoce la tierra; desde el fuego de tus rosas y la delicadeza de tus claveles, hasta el encanto de tus crisantemos, pompones y hortensias, coronando tu gloria con la elegancia única de tus orquídeas.

Cuán exuberante es tu riqueza natural, ¡oh, Colombia!; soberana de tus entrañas donde brilla el fulgor de las esmeraldas y el oro, y donde el carbón, el níquel, el petróleo y el gas laten como el pulso vital de tu tierra.

Cuán vasta es tu gracia hídrica, ¡oh, Colombia!, joya de dos mares; el pacífico y el Atlántico y cuna del majestuoso Sumapaz, soberano de los páramos, y cauce de ríos gigantes: el Amazonas, el Orinoco, el Magdalena, el Cauca y el Atrato. Y cuán inmensa es tu biodiversidad, santuario de la selva amazónica donde el vuelo de las aves, el secreto de las orquídeas y la danza de mariposas y anfibios tejen la vida.

Cuán infinitas son tus energías renovables, ¡oh, Colombia!; aquellas que brotan del agua y sus hidroeléctricas, del ímpetu de los vientos y la energía eólica, y de la gloria del sol y su energía solar. Y cuan exuberante es tu riqueza natural, soberana de tus entrañas donde brilla el fulgor de las esmeraldas y el oro, y donde el carbón, el níquel, el petróleo y el gas laten como el pulso vital de tu tierra.

Cuán hermosos son tus treinta y dos departamentos y tu Distrito Capital, ¡oh, Colombia!; desde los desiertos de La Guajira hasta el corazón del Amazonas, pasando por el Guainía, el Vaupés y el Vichada, unidos a Arauca, Putumayo y la fuerza de Nariño, el Cauca, el Chocó y Córdoba, entre todas las tierras benditas que la conforman.

¡Oh, Colombia!, nación privilegiada y puente del mundo; que por tierra te estrechas en un solo lazo con Venezuela, Brasil, Perú, Ecuador y Panamá. Cuán soberanos son tus horizontes en el mar, desde el mar de siete colores en San Andrés y Providencia tus tratados de hermandad tejen lazos en el Caribe con Nicaragua, Honduras, Costa Rica, Jamaica, Haití y la República Dominicana; y en la inmensidad del Pacífico, donde tus aguas se encuentran con Ecuador y la esencia de Costa Rica, custodiando juntos el azul infinito.

Colombia, cuna de corazones valientes y solidarios, de manos trabajadoras y espíritu alegre. Sean benditos quienes procuren tu bien, oh nación amada; pues ante la sombra de quienes maldicen, prevalece la luz eterna de HaShem, cumpliendo Su palabra: ‘Maldigan ellos, más bendice Tú’. [Salmo 109:28]

Gracias HaShem por el sacrificio de Yeshua HaMashiaj por Colombia, por esta tierra hermosa en la que nos permitiste nacer con un propósito santo, permite que por medio de la Ruaj HaKodesh la tierra de Colombia sea llena del conocimiento de la gloria de HaShem, como las aguas cubren el mar [Hab. 2:14]

¡Shavua Tov!


Miembro de la comunidad Yovel, Dra. Ingeniería de Alimentos. “Nada tenemos que no hayamos recibido” [1 Cor. 4:7]

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