Estamos a punto de darle la vuelta a la hoja del año, un año más está muy cerca de concluir, otro ciclo de Torá está por terminar. Un año puede parecer largo, pero al final transcurre en un abrir y cerrar de ojos. En cinco minutos podemos hacer un recuento de nuestro año y recordar los momentos más significativos que marcaron el ciclo. ¿Cuáles fueron los eventos más importantes de tu año?

Los nuevos años son una oportunidad muy interesante para evaluar las cosas, para pensar en los resultados de la receta que se cocinó por 383 días, es decir desde el Rosh Hashanah del año anterior que cayó el 15 de septiembre y el Rosh Rashanah que caerá este 2 de octubre.

Tengo una amiga a quien admiro mucho y ella puede resumir cada mes con una frase y una foto representativa. ¿Cómo se vería este año en tu vida si escribieras 13 frases y pusieras 13 fotos? 13 porque este año tuvimos un año embolismal o bisiesto, con dos meses de Adar.

Este es un gran momento para hacer una pausa y reflexionar en lo que salió bien y no tan bien. En la Parashá de esta semana parece como si tuviéramos también la invitación para hacer esta reflexión. En el libro de Devarim o Deuteronomio 30:1 tenemos un texto que si lo quisiéramos traducir literalmente del hebreo al español podríamos verlo de la siguiente manera:

“Y sucederá cuando vengan sobre ti todas estas (Devarim) cosas, la bendición y la maldición, las cuales yo te di delante de ti, y tú las devuelvas a tu corazón en todas las naciones a donde te impulsó Adonai tu Elohim hacia allá.”

Me gusta la forma como este versículo comienza, diciendo: “la bendición y la maldición”. Nuestros años no están marcados solo con cosas buenas o con cosas malas, tenemos que reconocer que siempre estará lo bueno y lo malo y por eso hacemos un balance de las cosas. Aún en las cosas que parecen negativas siempre va a haber algo positivo. Por eso me gusta el hecho de que este versículo no comienza con la palabra maldición sino con la palabra bendición. Aun si todo pareciera haber salido mal en el año de alguien, la gran noticia es que todavía estamos vivos y tenemos la oportunidad de trabajar para reparar aquello que no ha salido bien.

Quiero que nos detengamos ahora en una frase especial que aparece en este versículo: וַהֲשֵׁבֹתָ אֶל־לְבָבֶךָ  (vahashevota el levaveja) Esta es una expresión muy interesante que literalmente traduce: Y lo devuelvas a tu corazón. La expresión de devolver las experiencias al corazón significa sopesar y reflexionar sobre las cosas que nos han sucedido. Y esa es exactamente la invitación para este año que está a punto de terminar, “devolvamos a nuestro corazón” lo que hemos vivido, sopesémoslo, reflexionemos sobre las cosas buenas y malas que nos sucedieron, hagamos un balance concienzudo y sincero con nosotros mismos, pero más importante, delante de Dios.

Obviamente en esta vida hay algunas cosas para las cuales no tenemos respuesta del por qué no salieron como hubiéramos deseado, sin embargo, hay muchas otras para las cuales si tenemos una razón y podemos hacer una resolución para trabajar en ellas y cambiar el resultado.

El versículo 1 del capítulo 30 de Deuteronomio continua de la siguiente manera y aquí quiero detenerme un momento:

“Y tú las devuelvas a tu corazón en todas las naciones a donde te impulsó Adonai tu Elohim hacia allá.”

La palabra “impulsó” en este versículo proviene de la raíz hebrea נָדַח que tiene varias acepciones, entre ellas desterrar, expulsar, echar, conducir e impulsar. La concordancia bíblica nos muestra cuantas veces una acepción es utilizada, y la acepción “impulsar” es la que tiene el mayor número de usos. Sin embargo, en este versículo la mayoría de las traducciones bíblicas optaron por emplear el término “expulsar”.

Hoy como cosa interesante me encuentro escribiendo este artículo fuera de mi país, y buscando las diferentes acepciones de la palabra נָדַח que aparecen en este versículo.

Reflexionando sobre mis propias salidas, mi estadía en Israel por dos años y en otros lugares, por años, meses o días, incluido este viaje, no puedo pensar en que fui expulsada de mi tierra, sino que al contrario fui impulsada y enviada con un propósito. Aún este mismo viaje no fue ni siquiera planeado, incluso pensé en que no iba a hacerlo por los altos costos de los tiquetes, sin embargo, a última hora terminé realizándolo al encontrar una excelente tarifa aérea. Así que considero que las veces que he salido de mi país no fui “expulsada” sino “impulsada” con un propósito.

En este momento estoy en un viaje relámpago con el único propósito de encontrarme con una amiga alemana quién fue entrenada en sus años de juventud para vivir por fe y trabajó gran parte de su vida sirviendo en la obra de Dios en varios países alrededor del mundo. Conocí a esta gran amiga en un encuentro divino en Jerusalén, justo cinco minutos antes de que el Sherut, o pequeño bus, llevara a mi familia al aeropuerto. Era justo el momento en donde me iba a quedar completamente sola en Jerusalén, el comienzo de mis dos años en Israel, aunque en ese momento no tenía la más mínima idea de cuánto tiempo iba a permanecer en el país y mucho menos de que iba a hacer allí.

Era un momento en el que estaba a punto de separarme de mi familia y la incertidumbre de que iba a ser de mi en ese país era muy grande. Sin embargo, cinco minutos antes de darnos el abrazo de adiós con mi familia el Eterno envió a mi vida este maravilloso ángel que ha sido una inspiración para mi vida.

Cuando pensamos en los términos “expulsar” e “impulsar” para hacer la elección de una palabra en la traducción en el texto de Devarim, vemos que una sola palabra puede marcar una gran diferencia. En el caso de una traducción literal del hebreo al español del versículo 1 del capítulo 30 de Deuteronomio, decidí usar la acepción “impulsar” y no “expulsar” y tengo fuertes razones para hacerlo.

Cuando pienso en el llamado “exilio” del pueblo de Israel, no puedo pensarlo exactamente como la mayoría de las personas piensan acerca de él, como consecuencia o castigo por un tema de desobediencia. Yo al contrario de la mayoría de las personas, creo que detrás de todo existía un plan divino para que el Eterno “condujera” o “impulsara” a su pueblo hacia todas las naciones de la tierra. Creo que el pueblo de Israel fue “impulsado” y no “expulsado” a las naciones con dos propósitos fundamentales: 1. Para llevar la presencia divina por toda la tierra y 2. Para el Eterno proveerse de una herramienta para probar a las naciones y ver como trataríamos a sus “enviados” mas no a sus “expulsados”. Todo lo anterior ocurriendo bajo un velo de encubrimiento, tal como sucede en la mayoría de los misterios divinos.

Cuando vemos al pueblo de Israel habitando en las diferentes naciones de la tierra realmente no podemos decir que es un pueblo bajo maldición, como se ha llegado a creer en algunos círculos. Al contrario, vemos que la bendición está con ellos, logrando aún sobresalir entre los habitantes locales e impactando los lugares donde habitan. Los judíos en las naciones son una fuerza que contribuye al desarrollo económico, empresarial, científico y social de las regiones que habitan.

Pensar que los judíos son un pueblo que está bajo maldición es incongruente cuando observamos la realidad y vemos que poseen una habilidad especial para destacarse, de ser innovadores, creadores de riqueza y facilitadores del progreso de las naciones. Aún pareciera que tantas bendiciones se constituyeran más bien en el factor de odio y envidia por parte de las demás naciones hacia el pueblo judío.

El versículo 2 de Deuteronomio 30 en una traducción literal continuaría así:

“Y te devuelvas a Adonai tu Elohim y escuches su voz, como todo lo que yo te mando hoy a ti y a tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma.”

Después de hacer este ejercicio de reflexión, de “devolver” al corazón todo lo vivido, viene el momento en el que el pueblo de Israel tomará la decisión de “devolverse” o regresar a Dios con todo el corazón y por su parte Dios “devolverá” a su pueblo a su tierra. Creo, y los hechos actuales lo confirman, que poco a poco estamos viendo con nuestros propios ojos el desarrollo del cumplimiento de la profecía de este capítulo, Dios haciendo retornar a su pueblo para circuncidar su corazón y bendecirles con mayor abundancia que la de los patriarcas.

Hoy también en mi historia personal siento que estoy en ese proceso de regresar, de volver a lo esencial, de volver al corazón del Padre. Me marca demasiado el hecho de estar nuevamente en contacto con mi amiga alemana, el hecho de ver su vida en una entrega total a Dios y dependencia cien por ciento de Él.

Caminar con ella por las calles de Jerusalén durante mi primer mes en esa ciudad maravillosa, presenciando la provisión divina y milagrosa en su vida, fue una experiencia única e invaluable. Esas eran el tipo de historias que había leído una y otra vez en mi adolescencia, pero que jamás había visto o vivido en persona. Fue un verdadero privilegio ver en la realidad aquellas narraciones que, hasta entonces, solo conocía a través de las páginas de los libros.

Los afanes de la vida a menudo nos hacen perder el enfoque. Sin embargo, al estar con mi amiga alemana y observar de cerca, una vez más, su vida espiritual y la obra de Dios en ella, no puedo evitar volver a desear experimentar esa provisión divina. Me recuerda que en Israel yo también viví la provisión sobrenatural del Eterno. Durante dos años, siendo voluntaria sin un salario, Dios proveyó todo lo que necesitaba y, sorprendentemente, mucho más de lo que hubiera imaginado.

Ahora reflexiono sobre cómo hoy dependo de mi salario y de mi propio esfuerzo, lo cual no es algo malo en sí mismo. Sin embargo, el problema surge cuando empiezo a depender únicamente de mí misma. Es muy fácil pasar de confiar en Dios a confiar en nuestras propias fuerzas, y al hacerlo, nos privamos de la bendición de ser guiados por Él y de experimentar más profundamente lo sobrenatural.

Estamos a días de llegar a Yom Kippur, estamos en los días en donde “devolvemos a nuestro corazón” lo que hemos vivido, es el momento donde reflexionamos realmente en nuestra condición espiritual. Es el tiempo de arrepentirnos y reconocer que hemos vivido por nosotros y para nosotros mismos, es el momento de devolvernos a Dios con todo el corazón y una vez más tomar la decisión de vivir dependiendo de Él y para Él. Que el Eterno pueda circuncidar nuestros corazones y podamos amarle como Él realmente lo merece.

Shavua Tov

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Soy comunitaria de Yovel y profesora de Benei Mitzvah.

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