Por Martha Tarazona

Todo sucede en la presencia de HaShem, en el lugar santísimo, pero nada sucede sin santidad, porque sin santidad nadie le verá.

La parashá kedoshim (santos) nos enseña la necesidad de santificarnos delante del Señor, ya que sin santidad nadie le verá. “Habló HaShem a Moisés, diciendo: Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo HaShem vuestro Di-s” [Lev. 19:1-2].

La santidad en el desierto
Cuando el pueblo de Israel estaba en el desierto, tenían el templo movible y el arca del pacto era lo más sagrado.

Para Moisés: representó el lugar donde hablaba con HaShem.
Para el pueblo de Israel: la guía a través del desierto.
Para Josué y el pueblo de Israel: el milagro de la separación de las aguas del Jordán. Para Samuel: el llamado de HaShem para darle una revelación.
Para los Filisteos: destrucción, muerte y enfermedad y tuvieron que devolver el arca al pueblo de Israel la cual había sido capturada.
Para David: el arca era motivo de gozo. También de temor al morir Uza.
Para Obed-edom y toda su familia: el arca representó bendición.
Para Salomón: el privilegio de ser trasladada al templo que él construyó.
Para Aarón y sus hijos: eran los sacerdotes.

La santidad y el sumo sacerdote

Luego fue construido el primer templo, por medio de Salomón. Donde solo podía entrar al lugar santísimo el sumo sacerdote, una vez al año para hacer expiación por los pecados del pueblo. Y debía presentarse delante del eterno en santidad:

“Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de sello, SANTIDAD Al SEÑOR. Y la pondrás con un cordón de azul, y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará” [Ex. 28:36].

Luego, Yeshúa fue el sumo sacerdote que entró una sola vez y para siempre, para la expiación de los pecados de la humanidad y nos hizo a nosotros reyes y sacerdotes:

“Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Yeshúa el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Di-s, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén» [Apc. 1:4-7]

Si somos sacerdotes, debemos elevar nuestro nivel de santidad y presentarnos delante del eterno; santos, porque él es santo.

“Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” [Ap. 22:10-11].

La santidad y la adoración

A través de los salmos podemos ver que la santidad está directamente ligada a la adoración: “Adorad a HaShem en la hermosura de la santidad; Temed delante de él, toda la tierra” [Sal. 96:9]. “Dad a HaShem la gloria debida a su nombre; Adorad a HaShem en la hermosura de la santidad” [Salmo 29:2]. “Cantad a HaShem, vosotros sus santos, Y celebrad la memoria de su santidad” [Sal. 30:4].

Cuando se ofrece oración o alabanza a HaShem sin santidad, no es agradable al eterno, él no escuchará:

“Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo. [Amós 5: 21-24].

La santidad y la venida de Yeshúa

La venida de Yeshúa está directamente relacionada con la santidad:

“Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará” [Is. 35:8].

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Di-s” [2 Co. 7:1].

“Amados, ahora somos hijos de Di-s, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” [1 Jn. 3:2-3]

Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. [Heb. 12:14].

¿Cómo elevarse al nivel de santidad?

La santidad es un proceso en la vida de cada creyente, donde debemos limpiarnos diariamente.

Debemos romper toda maldición generacional que nos pueda atar al pecado, para poder ser verdaderamente libres. Confesar nuestros pecados y estar en paz con HaShem y con las personas.

Andar como hijos de luz: “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Yeshúa y de HaShem” [Ef. 5:1-5].

Limpiar nuestro corazón, ya que es engañoso: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Adonai, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” [Jer. 17:9-10].

Renovar nuestra mente: “Despojándonos del viejo hombre, de los deseos engañosos y renovando nuestra mente” [Ef. 4:22-23].

Además, ejercitar nuestros sentidos espirituales; así como un deportista debe ejercitar sus músculos día a día, nosotros debemos ejercitarnos: “Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. [Heb. 5:14].

Querido lector, que el eterno permita que hoy tengamos conciencia que sin santidad no le veremos, que debemos ejercitarnos todos los días y que debemos hacer una introspección en nuestra vida, para identificar qué cosas nos impiden entrar a la presencia de HaShem con santidad y que así mismo; nuestras oraciones y alabanza sean aceptadas delante de su trono por medio de nuestro amado Yeshúa HaMashiaj.

Shavua Tov.

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Miembro de la comunidad Yovel, Dra. Ingeniería de Alimentos. “Nada tenemos que no hayamos recibido” [1 Cor. 4:7]

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