Por Moshe Hernández
“…el fuego del altar debe permanecer ardiendo en él”. Levítico 6:3(9)
Este es un versículo que genera gran intriga porque lo que se menciona allí se repite tres veces en el mismo contexto, hay otras dos menciones en Levítico 6:5(12) y 6(13). Este fuego era el que se emplearía para ofrecer los sacrificios, y es maravilloso que en esta parashá (porción) se hace la mención de este fuego y no en Parashát Vaikrá, porque aquí el Eterno empezará a regular la forma de ofrecerlos y las indicaciones que deben estar presentes en el lugar donde se va a ofrecer el sacrificio.
El Ibn Ezra comenta que este fuego debía arder dentro del atar y no fuera de él, esto es un acercamiento maravilloso a esta ordenanza un poco misteriosa; pareciera innecesario decir que el fuego debía arder dentro del altar y no fuera de él, pero esto cobra sentido en que dentro del altar era donde se presentaban los sacrificios para acercarse a la comunión con Di-s, y esta mención del fuego continuo se hace únicamente en la instrucción del sacrificio de olá (holocausto), la ofrenda que se presentaba si uno deseaba acercarse al Eterno (Levítico 1:2), sacrificio que representa nuestra entrega total al Eterno, siendo nuestros pensamientos, deseos y acciones ofrecidas para ser un aroma grato a Él.
¿Qué importancia tiene el fuego para que arda continuamente dentro del altar? Ese fuego representa la Torá, y para mantenerlo encendido hay que estudiarla, de lo contrario se apagará y no arderá más dentro. Ese altar representa el corazón que es donde se atesora la Torá (Deuteronomio 6:6). Estas analogías en seguida retumban en mi corazón con el siguiente versículo: “Ellos se dijeron el uno al otro: ‘¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras hablábamos con Él en el camino cuando nos explicaba las Escrituras?’” (Lucas 24:32). El corazón de estos discípulos ardía mientras el Mesías Yeshua les explicaba las Escrituras, y eso, querido lector, es lo que el libro de Vaikrá (Levítico) está narrando al inicio de esta Parashat Tzav, porque de aquí nuestros Sabios extrajeron dos miztvot (preceptos): a) encender el fuego sobre el Altar todos los días, y b) no apagar el fuego del Altar, y esta fue esa experiencia en el camino a Emáus (חמת, en hebreo), nombre que significa caliente.
Esta mención a mantener el fuego ardiendo dentro de nosotros que describieron estos discípulos será una constante en la Brit Jadashá (Nuevo Testamento) también. Rav Shaúl dirá: “…sean fervientes en espíritu…” (Romanos 12:11) como una referencia a encender el altar cada día, pero también dirá: “No apaguen el Espíritu” (1 Tesalonicenses 5:19) como analogía a no apagar el fuego del Altar.
Encendamos cada día el fuego del estudio de la Torá y mantengámoslo ardiendo en nuestros corazones, para que sea un “esh tamid” (fuego constante) como cierra Levítico 6:6(13): “אש תמיד תוקד על־המזבח לא תכבה”, (Un fuego perpetuo arderá sobre el altar, no se apagará).
¡Shavua Tov!
***

Psicólogo de la Konrad Lorenz Fundación Universitaria. Gabai de la Comunidad Mesiánica Yovel, maestro del ministerio Yeladim, miembro del ministerio de Danzas. Apasionado por el hebreo y otros idiomas.

Muchas gracias por el artículo y la enseñanza Moshé, excelente, un abrazo.