Por David Sanabria

“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.”[Jos 1:8]

La mayoría de  las cosas en la vida son de simpleza abrumadora, la fineza con la que El Eterno supuso las bases del universo son delicadas y sutiles, la hermosura de algunos fenómenos pueden hacer que se conviertan incluso en un estilo de vida: la música, un regalo de Di-s que ofrezco a Él cada vez que puedo como ofrenda; y la bici, la posibilidad de disfrutar al máximo la existencia que el Eterno me concedió. Hoy quisiera compartir una de mis cavilaciones de bici, eso que Di-s mismo hablaría a Josué: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien” [Jos 1:8].

Ver cómo los dientes del plato cazan a la perfección en la cadena genera la certeza de que, mientras continúe pedaleando, no voy a parar. Pero verlo a 40 kilómetros por hora a las ocho de la noche no es muy buena idea ¿verdad? Significa que cada segundo que pase mirando hacia abajo, voy a recorrer alrededor de once metros a ciegas, sin saber qué hay delante mío. Ver el pavimento centelleante luego de la lluvia a menos de un metro frente a mí, tampoco es buena idea, aunque la vista sea hermosa. Debo ver, al menos, once metros por delante para saber en dónde estaré dentro de un segundo. Sin embargo, todo viaje tiene un destino, por más lejano que parezca; siempre se debe parar. Periódicamente se debe realizar mantenimiento a la bici, no siempre montarla únicamente. Pero esto ¿qué tiene que ver con la Torá?

Tener un eslabón no me hace tener una cadena. Tampoco tener una cadena me hace tener una bicicleta. Tener una bicicleta, por sí mismo, no implica que la sepa montar; y la contraparte aún más incierta es: no tenerla, no necesariamente significa que no sepa montarla. Así de sencillo es como se debe pensar para cumplir la Torá: saber un mandamiento no implica saber la Torá entera, tampoco saber de memoria la Torá entera implica que la sepa cumplir; y la contraparte es aún más incierta: no saberla de memoria no implica necesariamente que no la sepa cumplir.

De nada sirve poseer una bicicleta si no se usa, y si se usa, no realizar el mantenimiento es una pesadilla: el andar se hace pesado, ruidoso, difícil. Así mismo, tener un montón de conocimiento que no se usa es estorboso y, si se usa, no realizar el correcto mantenimiento se hace una pesadilla: el cumplirlo se hace pesado, quejumbroso, difícil. Es un despropósito tener una excelente bicicleta y no usarla; es un despropósito, hermano mío, tener la mejor de las instrucciones, la más alta muestra de amor del Eterno y no cumplirla. 

Quién tenga el placer de saber montar una bicicleta sabrá que un pedalazo es suficiente para iniciar el andar, de ahí en adelante la conservación del momento angular en ambas ruedas hará el trabajo más fácil y, entre más rápido se avance, más fuerza se necesitará para inclinar la bicicleta lo suficiente como para hacernos caer. Cumplir un mandamiento es suficiente para iniciar el andar, de ahí en adelante, seguir cumpliéndolo equivale a pedalear y la arquitectura misma de la Torá nos ayudará a mantener el “momento angular” para seguir en equilibrio. Lo único que se necesita es un siguiente pedalazo, una porción más, una lectura más, un mandamiento más. “Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas” [Dt 30:14]. Que quien realice el correcto mantenimiento a nuestra fé sea nuestro Señor Yeshúa, quien es la Torá viviente [Rom 10:4-10].

¡Shavúa tov!

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Soy estudiante de Ingeniería de Sistemas y Computación en la Universidad Nacional de Colombia, CTO Rehobot, pertenezco al grupo de alabanza de la comunidad yovel, amo la música y montar bici.

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