Por Patricia Gil García
El pueblo se había establecido en una llanura lo que me da la imagen que todos eran iguales, todos se encontraban de una manera figurativa al mismo nivel.
En la parasha Noaj (descanso), hay una pequeña porción en [Génesis 11:2-4] que me llama bastante la atención, dice: Al emigrar al oriente, la gente encontró una llanura en la región de Sinar, y allí se asentaron. Un día se dijeron unos a otros: «Vamos a hacer ladrillos, y a cocerlos al fuego.» Fue así como usaron ladrillos en vez de piedras, y asfalto en vez de mezcla. Luego dijeron: «Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra.»
El pueblo se había establecido en una llanura lo que me da la imagen que todos eran iguales, todos se encontraban de una manera figurativa al mismo nivel (puede ser espiritual o material), pero repentinamente surgió la idea de hacer una torre para distinguirse, hacerse notar, llamar la atención o tal como dice en las diferentes versiones de la Biblia hacerse «famosos».
La inclinación al mal o «yetzer hara» (con la que todo ser humano nace y lucha constantemente) hace que todos los días, cada uno de nosotros queramos construir nuestras propia torre de Babel. En este mundo tan convulsionado, lleno de retos para los creyentes, con tantas distracciones; fácilmente caemos en esto y lo peor, no nos damos cuenta. Está en el instinto natural del ser humano superarse, ser mejor, estudiar más, tener más o mejores cosas pero dónde está el límite entre la superación y el hecho de querer mostrarme antes los demás?, dónde está el límite entre querer tener más comodidad, calidad de vida o el hecho de hacerme «famoso» ante los demás por sólo «tener» esto o aquello?
No puedo decírselo porque es algo que sólo cada uno de nosotros, cada uno de ustedes queridos lectores sabe en su propio corazón. Lo que sí puedo es pedirle que después de leer estas cortas palabras se tome un tiempo para reflexionar sobre su vida y revisar si con lo que el Eterno le ha bendecido: familia, estudio, conocimiento, sabiduría, dones, comodidades, bienes materiales, idiomas y muchos más tienes «Noaj- descanso» o al contrario son el motivo para querer llegas más alto, construir tu torre más arriba que la de otros, querer sobresalir solo para que otros te vean y no para dar gracias y gloria al Eterno que en esta parashá se manifiesta con gran bondad hacia la humanidad al darle una nueva oportunidad de vida, de misericordia a través de Noaj y su familia.
Unas semanas atrás, regresamos de nuestra sede Yovel en la Florida después de que mi esposo fue llamado a servir allí en Iom Teruah (conocido como la fiesta de las trompetas) fue un tiempo maravilloso de dependencia en el Eterno, pero también un tiempo en el que de forma personal sentí que no hacemos nada, no somos nada si no ponemos a disposición de los demás todo lo que nos ha sido dado, si lo guardamos para nosotros, si sólo y construimos para nosotros, si sólo pensamos en nuestro propio bienestar, si todo lo guardamos para nosotros y no compartimos, ayudamos, enseñamos, colaboramos o damos a los demás de todo lo que hemos sido bendecidos, si sólo pensamos de una forma mezquina y no estamos constantemente viendo cómo podemos ayudar o servir a otros. Pero otros son como lo sembrado en buen terreno: oyen la palabra, la aceptan y producen una cosecha que rinde el treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno. [Marcos 4-20].
Ahora, cuál es tu torre de Babel?
Shavua Tov!!!
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Patricia Gil García, junto con mi esposo cabezas del Ministerio «Parejas en Construcción» y con mi familia, miembros de la comunidad Yovel desde su inicio. Me siento profundamente honrada y agradecida con el Eterno por permitirme compartir con ustedes algunos conceptos que espero sean de bendición para sus vidas.
