Cercano está el día para el inicio de las convocaciones que el Eterno nos ha establecido en este periodo del año. Cada año que pasa, nos acercamos más al día en que el Mesías vendrá a visitar esta tierra.
Por Carolina Aguirre
Cercano está el día para el inicio de las convocaciones que el Eterno nos ha establecido en este periodo del año. Cada año que pasa, nos acercamos más al día en que el Mesías vendrá a visitar esta tierra. Por eso, estas convocaciones no deberían convertirse para nosotros en celebraciones rutinarias, sino en tiempos para detenernos, escuchar y volver nuestro corazón hacia el Eterno.
Las convocaciones que el Eterno ha establecido son santas. Ellas no solamente nos ayudan a reconocer los tiempos proféticos, sino que también nos llaman a reconocer tiempos de cambio, examen y elevación en nuestras propias vidas. Pensar que celebrar nuevamente estas fiestas será algo normal o rutinario es, de alguna manera, haber perdido el horizonte de las cosas espirituales.
Vivimos tiempos intensos, tanto a nivel mundial como nacional. Por eso, no debemos ignorar las señales de estos tiempos, sino buscar sabiduría para discernir la voluntad del Eterno y alinearnos con ella. Y precisamente en este contexto cobra especial importancia la primera de estas convocaciones: Yom Terúa.
A la caída del sol de este 11 de septiembre inicia el día instituido por el Eterno como el “Día del Clamor”, en hebreo, Yom Terúa. El solo nombre de esta convocación nos muestra que no es un día para tomar a la ligera. Es un día de santa convocación, en el que se sopla el shofar o cuerno de carnero para anunciar, tanto en el mundo espiritual como en el físico, un tiempo decretado para despertar el alma al arrepentimiento y anunciar el juicio.
El sonido del shofar no solamente llega a nuestros oídos; es un sonido que tiene el poder de tocar nuestra alma. Su sonido profundo nos hace detener nuestro día a día y volver nuestra atención hacia lo espiritual, hacia aquello que muchas veces dejamos de lado en medio de las ocupaciones y preocupaciones de la vida.
Estar en pie en medio de la congregación escuchando el shofar es, en sí mismo, un pequeño recordatorio del día futuro en el que estaremos de pie delante del Creador para ser juzgados por nuestras obras. El sonido del shofar, entonces, no solamente anuncia una fecha: nos despierta. Nos recuerda que nuestras vidas tienen un propósito, que nuestras acciones tienen consecuencias y que llegará el momento en que cada uno de nosotros dará cuenta delante del Eterno.
Esta realidad puede resultar incómoda para nuestra sociedad. Vivimos tiempos en los que hablar del bien y del mal, del pecado, del juicio y de la responsabilidad delante de Dios puede parecer fuera de lugar. Se ha abierto un espacio cada vez mayor para que cada persona determine por sí misma lo que considera correcto, como si no existiera una verdad superior ante la cual todos tendremos que responder.
Sin embargo, la realidad espiritual es otra. El Eterno no solamente es amor; también es un Dios justo. Él juzgará nuestras obras. Pero precisamente porque es misericordioso, nos llama antes a cambiar de rumbo y regresar a las sendas del bien y de la justicia. El Eterno no se agrada en que nadie se pierda, pero su misericordia no significa que la justicia deje de existir.
Y aquí encontramos una de las razones por las que esta convocación tiene tanta importancia. Desde el “Día del Clamor” hasta el “Día de la Expiación”, Yom Kipur, existe un espacio de diez días que nos recuerda la necesidad de pesar nuestras obras, examinar nuestro camino y regresar al Eterno.
Aún a las puertas del juicio, la gracia del Eterno se manifiesta al concedernos una oportunidad: un tiempo de gracia para hacer los ajustes necesarios antes de presentarnos delante de Él y dar cuenta de nuestras acciones. El shofar nos despierta, el juicio nos hace examinar nuestro camino y la misericordia del Eterno nos invita a regresar.
Por eso, en este “Día del Clamor”, no perdamos la oportunidad de responder al llamado del shofar. Que nuestro primer clamor sea por nosotros mismos: que el Eterno examine nuestro corazón, nos muestre aquello que necesita ser corregido y nos dé la humildad para arrepentirnos y volver a sus caminos.
Y desde ese lugar de arrepentimiento, elevemos también un clamor por aquellos que aún no conocen o no han aceptado al Creador. Elevemos un clamor por la salvación del pueblo de Colombia y de Israel. Clamemos para que encontremos gracia y misericordia, para que nuestros corazones sean despertados y para que seamos hallados justos por medio de la sangre de Yeshua, nuestro Mesías.
Que el sonido del shofar no sea solamente un sonido que escuchemos con nuestros oídos, sino un llamado que transforme nuestro corazón. Que despertemos, que volvamos al Eterno y que clamemos mientras todavía Él nos concede el tiempo y la oportunidad.
¡Shavua Tov!

Soy comunitaria de Yovel y profesora de Benei Mitzvah.
