Por Angie Ramírez
“Caleb hizo callar al pueblo ante Moisés, y dijo: ―Subamos a conquistar esa tierra. Estoy seguro de que podremos hacerlo”. [Números 13:30]
Fueron cuarenta años en el desierto, muchos quisieron quedarse en el porque temían perder su relación tan cercana con Hashem al llegar a la tierra prometida. Allí había un nuevo reto, tendrían que ocuparse de asuntos materiales. El Eterno durante cuatro décadas probó su corazón y los preparó para entrar a la tierra prometida, aquella que fluye leche y miel. Sin embargo, después de recibir el sustento necesario, tiempo en que no se envejecieron sus ropas, que no se preocuparon por qué comer y que sintieron la Protección y Guianza Divina por medio de la columna de nube y de fuego, asumir la entrada a una tierra que debían tomar enfrentándose a naciones más grandes, fuertes y poderosas, no tuvo que ser un proceso sencillo; no obstante, el premio y la recompensa serían inigualables e impensables.
Si se pasa esta parashá al plano actual, cuando se lee lo escrito en [Devarim 8:2-3(a)]: “Recuerda que durante cuarenta años el Señor tu Di-s te llevó por todo el camino del desierto, y te humilló y te puso a prueba para conocer lo que había en tu corazón y ver si cumplirías o no sus mandamientos. Te humilló y te hizo pasar hambre”. ¿hay alguien que se sienta identificado?. Las pruebas, los tratos y las dificultades cuando son asumidas con emuná y entendidas como provenientes del Creador, como una oportunidad de crecer y de mejorar, dejan como resultado un acercamiento a la tierra prometida. En el siguiente versículo vemos el propósito de Elohim en esto, [Devarim 8:16]: “en el desierto te alimentó con maná, comida que jamás conocieron tus antepasados. Así te humilló y te puso a prueba, para que al fin de cuentas te fuera bien.” Su intención al permitir que cada uno pase por el desierto, no es otra que hacer que “al fin de cuentas nos vaya bien”, así como un padre corrige a su hijo en la infancia para que en su adultez sea un hombre de bien, así mismo, el Padre Celestial permite cada situación para conocer el corazón de cada uno y saber si cumplirá Sus Madamientos, para así finalmente entregar una tierra que mana leche y miel. En [Devarim 8:17-18 (a)] está claro: “No se te ocurra pensar: “Esta riqueza es fruto de mi poder y de la fuerza de mis manos”. Recuerda al Señor tu Di-s, porque es él quien te da el poder para producir esa riqueza”, para que al recibir ese tesoro preciado, llámese crecimiento espiritual, conocerse a sí mismo, perdonar y sanar, casa propia, empresa próspera y demás, se tenga claro quién fue el Proveedor y el causante de dichas bendiciones, se debe tener presente que: “no es por nuestra causa”. El Eterno pide al entregar ese tesoro lo dicho en [Devarim 10:12] “Y ahora, Israel, ¿qué te pide el Señor tu Di-s? Simplemente que le temas y andes en todos sus caminos, que lo ames y le sirvas con todo tu corazón y con toda tu alma”.
No puedo cerrar este comentario sin dejarles estos regalos que me dio el Eterno al estudiar la parashá, espero que lleguen a sus corazones y los edifiquen:
[Deuteronomio 9:3] “Pero tú, entiende bien hoy que el Señor tu Di-s avanzará al frente de ti, y que los destruirá como un fuego consumidor y los someterá a tu poder. Tú los expulsarás y los aniquilarás en seguida, tal como el Señor te lo ha prometido”.
[Salmos 46:5] “Di-s está en ella, la ciudad no caerá; al rayar el alba Di-s le brindará su ayuda”.
Shavua Tov
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A sus catorce años conoce al Señor en un contexto cristiano. Hace 6 años llegó a la comunidad Yovel . Casada con Sebastián Molina en la Kehilat y junto a su hijo Eitan, hacen parte de una de las familias que conforman la comunidad. En la actualidad, además de escribir artículos para la revista digital Shavúa Tov, sirve en el Ministerio de Jóvenes. Es mamá y esposa tiempo completo, y psicóloga organizacional en un hospital medio tiempo. Vive agradecida con El Eterno porque a lo largo de su vida le ha mostrado Su Misericordia, Amor y Bondad.
