“Porque por medio de este día Él expiará por ti, para limpiarte; de todos tus pecados delante de HASHEM serás limpiado” (Levítico 16:30).
Por: Moshe Hernández
Hay dos metas en Yom Kipur: expiación (kaparáh — el decreto misericordioso de Di-s de no castigar los pecados pasados) y pureza (taharáh — la transformación interna y la limpieza de los residuos del pecado). Aunque la expiación es fundamental, la pureza es vista como una meta más alta y difícil, ya que, implica cambiar el estado interior de la persona para no volver a caer en las mismas faltas.
Acerca de esto está escrito en la Brit Jadashá: “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Yeshua el Mesías su Hijo nos limpia de todo pecado” (Igeret Yojanan Álef 1:7). Aquí se unen ambos conceptos: la expiación/perdón por su sangre y la limpieza/pureza progresiva al andar en la luz.
Además, la Igeret Efesim 5:25-27 dice: “…como el Mesías amó a la comunidad, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una comunidad gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”.
¿Cuál es la diferencia entre kaparáh y tahará? ¿Y por qué la taharáh es el más elevado de los objetivos?
Toda buena acción tiene una recompensa, y toda mala acción un castigo. Esta proposición es la undécima de los 13 Principios de Fe de Maimónides. Todo lo que hacemos tiene una consecuencia y con frecuencia, una cadena de consecuencias, aunque a menudo no son evidentes. Una decisión política o económica sabia puede no dar fruto durante años. En el ámbito del cumplimiento de las mitsvot, tampoco vemos los resultados de inmediato; el pecado no se castiga con un rayo y la virtud no se reconoce con pepitas que caen del cielo. Se necesita mucho tiempo, tanto en este mundo como en el próximo, para que Di-s salde Sus cuentas.
Hay otro ámbito en el que se desarrolla la cadena de mitsvot y averáh, de buenas acciones y pecados. Los sabios enseñan que una mitsváh lleva a otra mitsváh Pecado lleva a otro pecado. Esto es natural. Una persona está condicionada por lo que hace. En las palabras que el Jinuj repite a menudo, אדם נפעל כפי פעולותיו, “una persona se condiciona según sus acciones”. Quien se acostumbra a la bondad se vuelve generoso y considerado. Quien se entrega constantemente a la codicia y la lujuria se vuelve grosero y hedonista. Con el tiempo, a esta persona le empieza a resultar entretenida la moralidad y el estudio de la torá. Considera los valores del antiguo Israel clichés irrelevantes. Se integra tanto en el mundo de los periódicos y las novelas superventas que el mundo de la Toráh le parece irreal e inalcanzable.
Nuestra literatura sagrada se refiere a esta condición humana como טמטום הלב, cierre del corazón, lo que significa que nos resistimos a las súplicas para mejorar, que nos rebelamos contra los intentos de cambiarnos todos conocemos a figuras públicas: políticos, atletas, artistas que desarrollan ideas fijas y malos hábitos, y se niegan a aceptar críticas y consejos. A alguien lo suficientemente desafortunado como para haber caído en la espiral del pecado debe deshacerse del residuo personal, psicológico e intelectual del pecado.
Acerca de esto nos dice la Escritura: “Miren, hermanos, que no haya en ninguno de ustedes corazón malo de incredulidad para apartarse del Di-s vivo; antes exhórtense los unos a los otros cada día, mientras se dice: Hoy; para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado” (Igeret Ivrim 3:12-13).
Y la Igeret Efesim 4:18-19 dice: “teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Di-s por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de inmundicia”.
El verdadero significado del ayuno en Yom Kipur como «Descanso»
Las restricciones de Yom Kipur (no comer, no beber, no bañarse, no usar calzado de cuero y no tener relaciones íntimas) no deben verse como un sufrimiento masoquista o castigo (עינוי), sino como un descanso (שביתת עשור). Es un cese de las indulgencias del cuerpo físico y animal para permitir que reine la dimensión espiritual y mental del alma, elevando al ser humano a un estado similar al de los ángeles.
Rav Shaúl describe esto mismo así: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Igeret Romim 8:5-6).
Y añade en la Igeret Galatim 5:16-17 lo siguiente: “Digo pues: Anden en el Espíritu, y no satisfagan los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne…”.
La confesión verbal (Vidui) y la sinceridad del arrepentimiento (Teshuvá)
La confesión (vidui) es inseparable de la teshuváh (arrepentimiento). Según el Rambám, citado con frecuencia (Hil. Teshuváh 1:1), el mandamiento de la Toráh de arrepentirse menciona explícitamente la confesión, no el arrepentimiento (Nm 5:6-7). Claramente, según Rambám, no puede haber arrepentimiento a menos que vaya acompañado de una confesión verbal. Según Rambám, el mandamiento explícito especifica el arrepentimiento, pero también está de acuerdo en que la confesión es un componente esencial (Dt 30:2, 11). Rabénu Yonah sostiene que tanto teshuváh como vidui son mandamientos separados. Sin embargo, según todas las opiniones, la confesión es necesaria antes de que el arrepentimiento pueda considerarse completo. Dado que el arrepentimiento se basa esencialmente en el corazón y la mente, la emoción y el intelecto, el remordimiento por el pasado y la resolución para el futuro.
Cuando el rey David pecó con Batsheva y, tras la reprensión del profeta Natán, confesó brevemente, pero con total sinceridad de corazón: «He pecado contra el Eterno». La confesión sella el compromiso y evita que el remordimiento quede solo como una emoción pasajera.
Con respecto a esto, nos dice la Brit Jadashá: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (Igeret Yojanan Álef 1:9) y también añade “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Igeret Romim 10:10).
¡G’mar Jatimáh Továh!
