Por: Luis Gabriel Forero & Stella Díaz
¿Cómo fue que Yehoshua derrotó al ejército amalecita? Podríamos decir que porque Moshé tenia los brazos extendidos; pero, ¿realmente era el poder de Moshé? …No era Moshé quien daba el poder a Yehoshua y a su ejército. Era HaShem, “Adonai Tzevaot” el Señor Todopoderoso el que hacía prevalecer a su pueblo y daba la victoria. Pero, cuando Moshé se cansaba, contaba con el apoyo de sus Co-Equiperos, para mantener sus brazos en alto. ¿Y tú, con quién cuentas cuando tu fuerza se agota?
Recuerda que, ante todo, ¡Para obtener la victoria es necesario tener nuestras manos extendidas al cielo con fe en nuestro Elohim, los pies en la tierra, y el corazón en unidad con quienes nos rodean!
Parashá Beshaláj se encuentra en Éxodo 13:17 a 17:16, y significa “cuando envió”. Después de dejar ir al pueblo de Israel de Egipto, el Eterno los condujo por el desierto de Yam Suf (mar de juncos), evitando pasar por tierra de los filisteos. Con ellos fueron llevados los huesos de Yosef. El Eterno guiaba de día como columna de nube y de noche como columna de fuego… El Eterno ordenó a Moshé extender su mano sobre el mar, el cual se abrió para atravesarlo, el pueblo de Israel pasó y fueron seguidos por los egipcios. El Eterno ordenó a Moshé extender su mano nuevamente sobre el mar, después de lo cual los egipcios que les seguían murieron, sin quedar ninguno de ellos, y después de esto el pueblo temió y creyó en El Eterno y en Moshé. Por ello, Moshé levanta un canto al Eterno, en el que reconoce Su Majestad y su Poder para salvar a Israel y en el que relata los hechos en los que murieron los egipcios, Miriam también cantó y las mujeres la siguieron. Luego de algunos días en el desierto el pueblo murmuró contra Moshé y Aharon, por causa de la sed y después por causa del hambre; el Eterno les entrega el Maná o “pan del Cielo”, del que se debería guardar una porción, como testimonio para las futuras generaciones, dando además las instrucciones del séptimo día, para guardar el Shabat.
Al final de ésta parashá está la historia de Amaleq que vino a pelear contra Israel, por lo que Moshé delega y comisiona a Yehoshua para hacerle frente; Moshé, Aharon y Hur subieron a la cima del monte y cuando Moshé tenía sus manos arriba Israel prevalecía, y si bajaba sus brazos, Amaleq prevalecía; como Moshé se cansaba, pusieron una “piedra” bajo Moshé, Aarón y Hur sostuvieron sus manos levantas, uno de cada lado, hasta que se puso el sol. Y Yehoshúa abatió a Amaleq y a su pueblo, y así venció Israel. Construyó Moshé un altar y lo llamó “Adonai Nisi”, el Señor es mi Estandarte, para recordar que nuestro pueblo tendrá guerra con Amaleq por generaciones.
A lo largo de esta porción vemos la obediencia de Moshé a Hashem, siguiendo instrucciones y obedeciendo cada momento crucial, con su vara y sus manos levantadas al cielo, se abrió y se dividió el mar rojo, con sus manos levantas cerro el mar, y cayeron los egipcios; con sus manos levantadas prevalecía la victoria sobre los amalecitas. Una costumbre del pueblo judío y de otros creyentes, es levantar nuestras manos al orar. De esta manera expresamos fe, sujeción, necesidad y búsqueda de Di-s.
Moshé reconocía una dependencia total en la autoridad y el poder de Di-s al orar, al interceder por el pueblo, al buscar instrucción y guía de Eterno extendiendo a Él sus manos. Como ya dijimos, no era Moisés quien daba el poder a Yehoshua (Josué) y su ejército. Era HaShem, el Di-s de Abraham, Isaac y Jacob, el que hacía prevalecer a su pueblo. Cuando Moisés levantaba sus brazos, Israel prevaleció. La elevación de las manos de Moisés fue un llamado al Eterno para pedir ayuda, para mostrar humildad, para fortalecer a su pueblo y les diera la victoria en la guerra. Mientras los brazos se levantaban, los israelitas prevalecieron porque es Di-s quien les daba poder, fuerza, vigor y valentía.
Entonces era inminente que, para obtener la victoria, Moshé debía perseverar en mantener las manos extendidas. Pero, ¡se cansaba!, entonces Aarón y Hur decidieron apoyar en unidad, en sujeción y respaldo a su líder y mantenían sus brazos en alto. Esto es una gran enseñanza que nos da el Eterno, todo Líder (Empresario, Padre o Madre, Pastor, Director de un grupo, etc.) debe rodearse de personas de su entera confianza, formarlos con el ejemplo, tener buenas actitudes y comportamientos que inspiren a seguirlo, para que en un momento determinado o ante el evidente agotamiento y/o cansancio físico, mental emocional y/o espiritual, “levanten nuestros brazos”, nos rodeen, ayuden, colaboren, asuman responsabilidades, cubran y guarden nuestra espalda (y corazón), sean nuestra “mano derecha” para cumplir objetivos. Entonces, ¿Quién o quiénes levantarán nuestros brazos, cuando sea necesario? ¿Cómo están nuestras relaciones y comportamientos con quienes nos rodean? ¿estamos formando líderes o solo simpatizantes?
Si, nuestras “buenas actitudes y el ejemplo” son la clave para influir e inspirar a otros, todo líder, debe formar líderes, quienes desarrollen habilidades y competencias, para que en un momento determinado o eventual, serán sus sucesores, quienes desde sus propios talentos y habilidades pueden aportar, pero que han seguido, observado y han sido inspirados con nuestra visión y un propósito común, persuadidos y animados para continuar y prevalecer en la consecución de objetivos, proyectos, tareas u obras, que, así como a Moshé, el Eterno nos ha encomendado.
A través de las diferentes historias de la Biblia, HaShem nos muestra la importancia que tiene para él la unidad, en especial entre los que estamos en Su Pacto. Somos seres relacionales y como tal es de vital importancia crear vínculos de hermandad, solidaridad, unidad, compañerismo, servicio; la unión de fuerzas es necesaria para lograr metas y propósitos. El Señor dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá». (Mateo 12:25.); entendiendo que aplica para la empresa, sociedad, familia, Ministerio, Equipo de trabajo, etc.. Di-s ha establecido la unidad como condición para el triunfo. Y en esta porción parashá BeShalaj, vemos que, para que Yehoshua pudiera ganar la batalla contra Amaleq, era necesario que Moshé tuviera sus manos extendidas y sus coequiperos Aaron y Hur, le apoyaran en cuando se cansaba. Las manos levantadas demuestran dependencia al Eterno, pero también demuestran poder para prodigios y señales, y también señal de victoria cuando conseguimos un resultado; al levantar nuestros brazos, al Eterno damos la Gloria y Honra. Así consiguió Moshé la victoria que Di-s dio a su pueblo, en unidad con el Eterno principalmente, con Aaron, Hur y Yehoshua, y apoyados en la “Roca firme” que es nuestro Mesías Yeshua. Pero donde no hay unidad, ni armonía, el resultado es miseria, tragedia, división.
Es fundamental para cada creyente, rodearse de personas de Fe, mantener buenos lazos de amistad, hermandad y confianza, para hacer equipo. Debemos estar atentos y alertas cuando a uno de nuestros coequiperos, está débil y decaen sus brazos por el cansancio, el agotamiento, o cualquier otro síntoma. Es entonces cuando necesitamos como equipo, de un Aarón y Hur que nos apoyen, nos levanten y nos ayude a atravesar el desierto, el dolor, la guerra, la incertidumbre, el valle de lágrimas o lo que sea que estemos o nuestros cercanos estén experimentando. Ser asertivos y oportunos para no dejar caer al otro, utilizar nuestra fuerza (espiritual, moral, económica, etc.) para que la otra persona no se rinda. Nuestra buena actitud y ánimo, a su vez nos trae firmeza y la firmeza nos ayuda a vencer y mantenernos enfocados en el propósito de Di-s en nuestras vidas.
Si queremos ganar batallas, lograr propósitos, tener la victoria, no podemos hacerlo solos, primero ora al Eterno, apóyate sobre la Roca de nuestra Salvación, que es Yeshua “Solo Él es mi roca y mi salvación, mi fortaleza donde no seré sacudido. Mi victoria y mi honor provienen solamente de Di-s; él es mi refugio, una roca donde ningún enemigo puede alcanzarme” (Salmo 62:6-7); ora por sabiduría para elegir quienes serán tu “Aarón y Hur”, que te levanten, te animen, te cubran, y de un “Yehoshua” que siga instrucciones, y junto a ti “pelee la buena batalla de la Fe” (oración, intercesión, guerra espiritual) 1 Timoteo 6:12, ellos son los buenos amigos que están firmes en tiempos difíciles: “En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia” Proverbios 17:17 . y Yeshua nos dice: “Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo. Los llamo mis amigos, porque les he dado a conocer todo lo que mi Padre me ha dicho” Juan 15:15.
Así como Moshé levantó un altar: “Adonai Nisi”, Yeshua es nuestra bandera, nuestro estandarte, nuestra Roca y Coequipero, nuestro Salvador, junto con Él somos más que vencedores, nuestros brazos al cielo, son una manifestación de amor, de fe, de que él nos levanta, nos sostiene, fortalece nuestros pies, para caminar firmes en las alturas y nos da la victoria en las batallas.
Shavua Tov!
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Luis Gabriel Forero & Stella Díaz de Forero, Ingeniero Industrial y Terapeuta del Lenguaje & la Comunicación; Empresarios, Executive Master Coachs, Conferencistas. Su propósito: Transformar vidas desde su empresa de Consultoría Gerencial en Liderazgo, SoftSkills y Habilidades Directivas; todo fundamentado en valores y sujetos a la Palabra de Di-s. Son Cabeza del Ministerio de Empresarios & Emprendedores Yovel
